tras el Sínodo sobre la Amazonia (X-2019). Resumen literal.
CAPÍTULO PRIMERO. UN SUEÑO SOCIAL
CAPÍTULO SEGUNDO. UN SUEÑO CULTURAL
2. (…) Con esta Exhortación quiero expresar las resonancias
que ha provocado en mí este camino de diálogo y discernimiento (…) No pretendo
ni reemplazarlo ni repetirlo. Sólo deseo aportar un breve marco de reflexión
que encarne en la realidad amazónica.
6. Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo
original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera
multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia.
La predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las
estructuras de la Iglesia deben encarnarse.
CAPÍTULO PRIMERO. UN SUEÑO
SOCIAL
9. Los intereses colonizadores que expandieron y expanden
—legal e ilegalmente— la extracción de madera y la minería, y que han ido
expulsando y acorralando a los pueblos indígenas, ribereños y
afrodescendientes, provocan un clamor que grita al cielo.
12. Ya mi predecesor, Benedicto XVI, denunciaba «la
devastación ambiental de la Amazonia y las amenazas a la dignidad humana de sus
poblaciones».
14. A los emprendimientos, nacionales o internacionales, que
dañan la Amazonia y no respetan el derecho de los pueblos originarios al
territorio y a su demarcación, a la autodeterminación y al consentimiento
previo, hay que ponerles los nombres que les corresponde: injusticia y crimen.
Cuando algunas empresas sedientas de rédito fácil se apropian de los
territorios y llegan a privatizar hasta el agua potable, o cuando las
autoridades dan vía libre a las madereras, a proyectos mineros o petroleros y a
otras actividades que arrasan las selvas y contaminan el ambiente, se
transforman indebidamente las relaciones económicas y se convierten en un
instrumento que mata. Se suele acudir a recursos alejados de toda ética.
15. Es necesario indignarse, como se indignaba Moisés (cf. Ex
11, 8), como se indignaba Jesús (cf. Mc 3, 5), como Dios se indigna ante la
injusticia (cf. Am 2, 4-8; 5, 7-12; Sal 106, 40). No es sano que nos habituemos
al mal, no nos hace bien permitir que nos anestesien la conciencia social.
18. Nos alienta recordar que (…) muchos misioneros llegaron
allí con el Evangelio (…) no todos fueron ejemplares, pero la tarea de los que
se mantuvieron fieles al Evangelio también inspiró «una legislación como las
Leyes de Indias que protegían la dignidad de los indígenas contra los
atropellos de sus pueblos y territorios».
20. (…) sin disminuir la importancia de la libertad personal,
se evidencia que los pueblos originarios de la Amazonia tienen un fuerte
sentido comunitario (…) Todo se comparte, los espacios privados —típicos de la
modernidad— son mínimos (…) No hay lugar para la idea de individuo desligado de
la comunidad o de su territorio.
22. Cristo redimió al ser humano entero y quiere recomponer
en cada uno su capacidad de relación con los otros. El Evangelio propone la
caridad divina que brota del Corazón de Cristo y que genera una búsqueda de
justicia que es inseparablemente un canto de fraternidad y de solidaridad, un
estímulo para la cultura del encuentro. La sabiduría de la manera de vivir de
los pueblos originarios —aun con todos los límites que pueda tener— nos
estimula a profundizar este anhelo.
25. No podemos excluir que miembros de la Iglesia hayan sido
parte de las redes de corrupción, a veces hasta el punto de aceptar guardar
silencio a cambio de ayudas económicas para las obras eclesiales.
26. La Amazonia debería ser también
un lugar de diálogo social, especialmente entre los distintos pueblos
originarios, para encontrar formas de comunión y de lucha conjunta. Los demás
estamos llamados a participar como “invitados” (…) Ellos
son los principales interlocutores, de los cuales ante todo tenemos que
aprender, a quienes tenemos que escuchar por un deber de justicia, y a quienes
debemos pedir permiso para poder presentar nuestras propuestas.
CAPÍTULO SEGUNDO. UN SUEÑO
CULTURAL
28. El asunto es promover la
Amazonia, pero esto no implica colonizarla culturalmente sino ayudar a que ella
misma saque lo mejor de sí.
29. En la Amazonia existen muchos pueblos y
nacionalidades, y más de 110 pueblos indígenas en aislamiento voluntario
(PIAV). Su situación es muy frágil y muchos sienten que son los últimos
depositarios de un tesoro encaminado a desaparecer, como si sólo se les
permitiera sobrevivir sin molestar, mientras la colonización posmoderna avanza.
Hay que evitar entenderlos como salvajes “incivilizados”.
32. (…) A través de un territorio y de sus
características Dios se manifiesta, refleja algo de su inagotable belleza. Por
lo tanto, los distintos grupos, en una síntesis vital con su entorno,
desarrollan un modo propio de sabiduría. Quienes observamos desde afuera
deberíamos evitar generalizaciones injustas, discursos simplistas o
conclusiones hechas sólo a partir de nuestras propias estructuras mentales y experiencias.
36. Como toda realidad cultural, las culturas de la
Amazonia profunda tienen sus límites. Las culturas urbanas de occidente también
los tienen. Factores como el consumismo, el individualismo, la discriminación,
la desigualdad, y tantos otros, componen aspectos frágiles de las culturas
supuestamente más evolucionadas. Las etnias que desarrollaron un tesoro
cultural estando enlazadas con la naturaleza, con fuerte sentido comunitario,
advierten con facilidad nuestras sombras, que nosotros no reconocemos en medio
del pretendido progreso. Por consiguiente, recoger su experiencia de la vida
nos hará bien.
39. La economía globalizada daña sin pudor la riqueza
humana, social y cultural. La desintegración de las familias, que se da a
partir de migraciones forzadas, afecta la transmisión de valores, porque «la
familia es y ha sido siempre la institución social que más ha contribuido a
mantener vivas nuestras culturas».
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