EN LA CRISIS DEL COMPROMISO
COMUNITARIO
Resumen literal de la Ex
Ap 24-XI-2013, cap 2º (nn 50- 109)
I. Algunos desafíos del
mundo actual
II. Tentaciones de los
agentes pastorales
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50. (…) conviene recordar brevemente cuál es el contexto en el cual
nos toca vivir y actuar. Hoy suele hablarse de un «exceso de diagnóstico» que
no siempre está acompañado de propuestas superadoras y realmente aplicables (…)
quiero ofrecer un discernimiento evangélico. Es la mirada del discípulo misionero.
51. No es función del Papa ofrecer un análisis detallado y completo
sobre la realidad contemporánea, pero aliento a todas las comunidades a una
«siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los tiempos». Se trata
de una responsabilidad grave (…) Es preciso esclarecer aquello que pueda ser un
fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios.
I. Algunos desafíos del
mundo actual
52. La humanidad vive en este momento un giro histórico (…) Sin
embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro
tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas
patologías van en aumento (…) Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir
con poca dignidad.
53. (…) hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la
inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de
frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en
la bolsa (…) No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que
pasa hambre. Eso es inequidad (…) Hemos dado inicio a la cultura del «descarte»
(…) Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».
54. (…) La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si
el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas
truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de
ninguna manera nos altera.
55. (…) La crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía,
pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su
orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus
necesidades: el consumo.
57. Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo
de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera
contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se
la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la
persona.
(…) animo a los expertos financieros y a los
gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la
antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y
quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».
59. (…) Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las
condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente
planteadas y realizadas.
60. (…) la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las
carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás (…) crean nuevos y
peores conflictos.
61. Evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos
desafíos (…) A veces (…) verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas
situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han
alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata
más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto
y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que
parezca totalitario.
63. (…) el desafío de la proliferación de nuevos movimientos
religiosos, algunos tendentes al fundamentalismo y otros que parecen proponer
una espiritualidad sin Dios (…) que se caracterizan por su sutil penetración,
vienen a llenar (…) un vacío dejado por el racionalismo secularista. Además, es
necesario que reconozcamos que, si parte de nuestro pueblo bautizado no
experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas
estructuras y a un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y
comunidades o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas.
65. A pesar de toda la corriente secularista que invade las
sociedades, en muchos países —aun donde el cristianismo es minoría— la Iglesia
católica es una institución creíble ante la opinión pública, confiable (…) Pero
nos cuesta mostrar que, cuando planteamos otras cuestiones que despiertan menor
aceptación pública, lo hacemos por fidelidad a las mismas convicciones sobre la
dignidad humana y el bien común.
68. (…) Una mirada de fe sobre la realidad no puede dejar de
reconocer lo que siembra el Espíritu Santo. Sería desconfiar de su acción libre
y generosa pensar que no hay auténticos valores cristianos donde una gran parte
de la población ha recibido el Bautismo y expresa su fe y su solidaridad
fraterna de múltiples maneras. Allí hay que reconocer mucho más que unas
«semillas del Verbo» (…) posee una sabiduría peculiar que hay que saber
reconocer con una mirada agradecida.
71. (…) Necesitamos (…) una mirada contemplativa, esto es, una mirada
de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus
plazas. La presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y
grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas (…) Esa presencia no
debe ser fabricada sino descubierta, develada.
75. (…) vivir a fondo lo humano e introducirse en el corazón de los
desafíos como fermento testimonial, en cualquier cultura, en cualquier ciudad,
mejora al cristiano y fecunda la ciudad.
II. Tentaciones de los
agentes pastorales

76. Siento una enorme gratitud por la tarea de todos los que trabajan en la Iglesia (…) desde los obispos hasta el más sencillo y desconocido de los servicios eclesiales (…) el aporte de la Iglesia en el mundo actual es enorme. Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre.
77. No obstante (…) Reconozco que necesitamos
crear espacios motivadores y sanadores para los agentes pastorales (…) donde
discernir en profundidad con criterios evangélicos.
78. Hoy se puede advertir en muchos agentes
pastorales, incluso en personas consagradas, una preocupación exacerbada por
los espacios personales de autonomía y de distensión (…) la vida espiritual se
confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no
alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión
evangelizadora.
79. (…) aunque recen, muchos agentes
pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a
relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones (…) Terminan
ahogando su alegría misionera en una especie de obsesión por ser como todos y
por tener lo que poseen los demás.
81. (…) muchos laicos sienten el temor de que
alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de
cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre (…) algo semejante
sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal.
82. El problema no es siempre el exceso de
actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas (…) De ahí que las
tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen.
83. (…) Se desarrolla la psicología de la
tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo.
Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la
constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se
apodera del corazón (…) Por todo esto, me permito insistir: ¡No nos dejemos
robar la alegría evangelizadora!
84. La alegría del Evangelio es esa que nada
ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22) (…) Nuestra fe es
desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir
el trigo que crece en medio de la cizaña.
88. El ideal cristiano siempre invitará a
superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las
actitudes defensivas que nos impone el mundo actual. Muchos tratan de escapar
de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más
íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio (…) así
como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual.
92. (…) la verdadera sanación (…) es una fraternidad
mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza
sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar
las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el
corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su
Padre bueno.
95. (…) En algunos hay un cuidado ostentoso
de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin
preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de
Dios y en las necesidades concretas de la historia.
98. (…) La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar
en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder,
prestigio, placer o seguridad económica (…) Más que pertenecer a la Iglesia toda, con su rica diversidad, pertenecen a tal o cual
grupo que se siente diferente o especial.
99. (…) «En esto reconocerán que sois mis discípulos,
en el amor que os tengáis unos a otros» (Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre.
102. Los laicos son simplemente la inmensa
mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros
ordenados.
103. La Iglesia reconoce el indispensable
aporte de la mujer en la sociedad (…) Pero todavía es necesario ampliar los
espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia.
104. (…) El sacerdocio reservado a los
varones (…) es una cuestión que (…) puede volverse particularmente conflictiva
si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder (…) las
funciones «no dan lugar a la
superioridad de los unos sobre los
otros». De hecho, una mujer, María, es más importante que los obispos (…) Aquí
hay un gran desafío para los pastores y para los teólogos, que podrían ayudar a
reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer
allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la
Iglesia.
108. (…) cada vez que intentamos leer en la
realidad actual los signos de los tiempos, es conveniente escuchar a los
jóvenes y a los ancianos.
109. Los desafíos están para superarlos.
Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega
esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!
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