Resumen
literal del cap 1 (nn 19-49) de la Ex. Ap. del 24-XI-2013
La
transformación misionera de la Iglesia
19. La
evangelización obedece al mandato misionero de Jesús: «Id y haced que todos los pueblos
sean mis discípulos» (…) el Resucitado envía a los suyos a predicar el
Evangelio en todo tiempo y por todas partes, de manera que la fe en Él se
difunda en cada rincón de la tierra.
23. (…) Fiel
al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el
Evangelio a todos, en todos los lugares, en
todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del
Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a
nadie.
24. La
Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que
se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan (…) La comunidad
evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en
el amor (cf. 1 Jn 4,10) (…) ¡Atrevámonos un poco más a primerear!
(…)
El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los
demás para lavarlos (…) La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos
en la vida cotidiana de los demás, achica distancias,
se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana,
tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen
así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz.
25. No
ignoro que hoy los documentos no despiertan el mismo interés
que en otras épocas, y son rápidamente olvidados.
No obstante (…) Espero que todas las comunidades procuren poner los medios
necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera,
que no puede dejar las cosas como están. Ya no
nos sirve una «simple administración».
26. Pablo VI
invitó a ampliar el llamado a la renovación (…)
que no ha perdido su fuerza interpelante: «La Iglesia debe profundizar en la
conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio (…) De
esta iluminada y operante conciencia brota un espontáneo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia —tal como
Cristo la vio, la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada (cf. Ef
5,27)— y el rostro real que hoy la Iglesia
presenta (…) Brota, por lo tanto, un anhelo generoso y
casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda
de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen
interior, frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí».
(…)
El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad
a Jesucristo.
27. (…) La reforma de estructuras que exige la conversión
pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se
vuelvan más misioneras.
28. La
parroquia (…) tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas (…)
ciertamente no es la única institución evangelizadora, (…) Es comunidad de
comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y
centro de constante envío misionero.
29. Las
demás instituciones eclesiales, comunidades de base y pequeñas comunidades,
movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza de la Iglesia que el
Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores (…) Pero es
muy sano que no pierdan el contacto con (…) la parroquia del lugar, y que se
integren gustosamente en la pastoral orgánica de la Iglesia particular. Esta
integración evitará que se queden sólo con una parte del Evangelio y de la
Iglesia, o que se conviertan en nómadas sin raíces.
32. Dado que
estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una
conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las
sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más
fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la
evangelización.
El
Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar «una forma del ejercicio
del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se
abra a una situación nueva». Hemos avanzado poco en ese sentido.
33. La pastoral
en clave de misión pretende abandonar el cómodo
criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser
audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras,
el estilo y los métodos evangelizadores.
34. Si
pretendemos poner todo en clave misionera, esto también vale para el modo de
comunicar el mensaje. En el mundo de hoy (…) corre
más que nunca el riesgo de aparecer mutilado y reducido
a algunos de sus aspectos secundarios (…) que, sin dejar de ser importantes, por
sí solos no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo (…) que le otorga
sentido, hermosura y atractivo.
35. Una
pastoral en clave misionera no se obsesiona por
la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta
imponer a fuerza de insistencia.
36. (…) el
Concilio Vaticano II explicó que «hay un orden o “jerarquía” en las verdades en
la doctrina católica…». Esto vale tanto para los dogmas de fe como para el
conjunto de las enseñanzas de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral.
37. Santo
Tomás de Aquino enseñaba que en el mensaje moral de la Iglesia también hay una jerarquía,
en las virtudes y en los actos (…) Las obras de amor al prójimo son la
manifestación externa más perfecta de la gracia interior del Espíritu (…) en
cuanto al obrar exterior, la misericordia es la mayor de todas las virtudes.
(…)
el edificio moral de la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un castillo
de naipes, y allí está nuestro peor peligro. Porque no será propiamente el
Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos
doctrinales o morales que proceden de determinadas
opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura
y dejará de tener «olor a Evangelio».
40. La Iglesia, que es discípula misionera, necesita crecer en su
interpretación de la Palabra revelada y en su comprensión de la verdad. La
tarea de los exégetas y de los teólogos ayuda a «madurar el juicio de la
Iglesia». De otro modo también lo hacen las demás ciencias (…) A quienes sueñan
con una doctrina monolítica defendida por todos
sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad
es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos
aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio.
41. (…) A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los
fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que
no responde al verdadero Evangelio de
Jesucristo. Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre
el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso
dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano.
42. (…) De cualquier modo, nunca podremos convertir las enseñanzas de la
Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe
siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la
firmeza de su adhesión.
43. En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a
reconocer costumbres propias no directamente ligadas
al núcleo del Evangelio (…) Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo
servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas. Del mismo modo, hay normas o
preceptos eclesiales (…) que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces
de vida.
Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos
dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios «son poquísimos». Citando a
san Agustín, advertía que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente
deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles» y
convertir nuestra religión en una esclavitud, cuando «la misericordia de Dios
quiso que fuera libre».
47. La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de
los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas
en todas partes.
Pero hay otras puertas (…) La Eucaristía, si bien
constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un
premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para
los débiles (…) la Iglesia no es una aduana, es
la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.
48. (…) No deben quedar dudas ni caben
explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres
son los destinatarios privilegiados del Evangelio».
49. (…) No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine
clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos
(…) espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan
una falsa contención, en las normas que nos
vuelven jueces implacables, en las costumbres
donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y
Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37).
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